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Historias de vida

ALIEDA VERHOEVEN, por Alejandra Silnik
Tantas veces emocionada y apasionada, con lágrimas que nos caían a ambas y pidiéndome que cortara la grabación: sin embargo, todo el tiempo de los dos encuentros, habló del frío.

Fuimos a un bar porque la oficina estaba fría; pidió que calentaran su café con leche, que de tanto hablar se había enfriado; en su casa de Chacras de Coria, no había gas y fue el tema, cómo calentar el agua para el mate y cómo calentar el cuarto, su cuarto, donde nos encontramos la segunda vez.

Varios mitos que cayeron juntos. 1º: los nórdicos y por extensión los holandeses, no tienen frío con nuestro frío, 2º: ellos son fríos.

No puedo evitar agradecer que alguien tan frío haya venido al sur para calentarnos el alma. De esto tanto más sabrán los refugiados, los presos, los hijos de desaparecidos que supo arropar en medio de la peor intemperie, cuando nadie quería enterarse.

Calidez, sensibilidad, ojos siempre mojados y mirando de frente. Claridad, profundidad, todo tan físico, en la señora pastora del norte. Con el tono gringo pegado junto con el no es cierto, che?

Valiente y alegre, viva. A punto de partir a Holanda a celebrar los 75 años de una de sus hermanas, pero llegando de sorpresa. Uno más de sus juegos.

Una familia de 11 hermanos; con muchas privaciones en la Holanda de la segunda guerra mundial. 5 mujeres que se escriben, se bordan, se regalan, viviendo en varias puntas del mundo y encontrándose cada tanto.

Hermanas y hermanos que Alieda multiplica en su ser Pastora, feminista y militante de derechos humanos. Algo de Evita que tal vez se le coló en las sangre, junto con los niños argentinos que un día llegaron al barrio. Ese día toda la tribu jugaba al fútbol con nuestra niña en el gol, el arco.

La biblioteca de autoras mujeres, los tapices a varias manos con sus hermanas y los dibujos de su padre arquitecto, son los trofeos que muestra con más orgullo en su casa. Junto a ellos, sus primeros zapatitos bellamente pintados por una de las hermanas. Pequeños, tiernos y gastados; tal vez pre-anunciando los tantísimos andares de estos pies adultos y alegres.

En el hogar de Alieda no hace nada de frío.

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